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Humanología
Chile: paro nacional con sentido social

Dr. Carlos Santa María*
Director Consejo Provincial Santiago

Causa una sensación especial la portada de “The Clinic” donde aparece la foto retocada del general Augusto Pinochet, exdictador ya fallecido, quien es mostrado con un ojo abierto y el titular: “Cuidadiiito”.

Ello es sintomático, ya que la presidencia y algunos funcionarios del régimen actual han señalado reiteradas veces dos situaciones: una, que se asimilan las circunstancias actuales (enfrentamientos con la policía, barricadas, paros, movilizaciones, oposiciones, huelgas), con la época que dio origen al Golpe de Estado. De igual modo, algunos han llamado a que los militares salgan a las calles y que se imprima a la Ley de Seguridad Interior del Estado un componente concreto en esta coyuntura. Lo anterior con un doble propósito: recordar el temor que habita en la conciencia colectiva como un mecanismo disuasivo que realice bloqueos internos en la ciudadanía; dos, incentivar a ciertos sectores a que puedan tener como opción intervenir nuevamente debido a la incapacidad de lograr una cohesión en torno al gobierno vigente.

Ante el llamado al paro nacional por la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), que convoca al mayor número de sindicalizados en el país, solicitando reivindicaciones laborales, educativas, de salud, entre otras, la presidencia ha manifestado que se encuentran ante un intento de hacer daño a la Nación ya que en dos días se perderán 400 millones de dólares, además de denunciar la violencia en las calles, manifestar que hay un número muy alto de carabineros heridos, fomentar el vandalismo y no aceptar los espacios de diálogo que se han abierto. En síntesis, se acusa a la oposición de tramar una conspiración con el único objetivo de impedir gobernar libremente.  

Por su parte, la organización obrera ha manifestado la necesidad de cambiar el modelo neoliberal que se ha implementado en el país por los innumerables daños que ha causado, especialmente de corte económico-social, endeudando a la ciudadanía en niveles de lucro o usura extraordinarios. Las cifras que se han entregado indican que con las reservas existentes de Chile muy bien se podría hacer una educación gratuita y de calidad, mejorar la situación laboral de millones de chilenos, iniciar una modificación constitucional en campos tan delicados como la salud, que permitirían conducirse hacia el nivel de desarrollo pretendido.

Los números son contradictorios, dependiendo de quién los sostenga. Según las autoridades, este paro ha sido normal y no ha afectado al transporte, el comercio ni la banca, exceptuando por la destrucción o saqueos de encapuchados; sólo el cinco por ciento habría acogido la propuesta, aunque luego se diría que el 14 por ciento, con lo cual el fracaso habría sido total demostrando el apoyo que posee la Coalición. Las 93 marchas durante este año indicarían que así el gobierno no dará pie atrás en su política estatal.

Desde la orilla opuesta se manifiesta que esta última movilización tiene un apoyo en el mundo de más de 175 millones de personas (según un informe periodístico serio) que se han manifestado, con lo cual se reconoce su legitimidad asegurando el respeto como criterio fundamental, además de ser acogida por el 80% de los trabajadores afiliados, pese a las amenazas de sumarios o investigaciones que dan objeto a sanciones en las empresas. Las calles de Santiago y las oficinas, con una baja demanda de servicios, desconocen las opiniones positivas de normalidad total, pese a titulares de los periódicos (en su mayoría del gobierno).

Lo cierto es que, pese a ser una situación compleja, es clara la prospectiva: de no aceptarse las reivindicaciones estructurales solicitadas, la movilización social se incrementará dando pie a la insatisfacción, lo que deriva en situaciones que pueden poner sin control a la sociedad debido a que los niveles de escucha se vuelven incapaces de morigerar las opiniones globales. Ello llevaría a una confrontación donde los temores de una acción militar se incrementarán, haciendo del miedo una de las únicas armas, junto a la represión descarnada, para detener las justas peticiones de cambio existentes.  

Las ganancias de la banca, por dar un ejemplo, consistentes en miles de millones de dólares, se vuelven un mensaje que no puede desconocerse frente a las desigualdades sociales que cada vez más se agudizan. Es la hora ya que las jerarquías tomen conciencia que ganar es aceptable, siempre y cuando no signifique la miseria de una gran mayoría y establecer un destino prefijado para los sectores más amplios de la población. Así, la única opción posible es un cambio que haga de la mayoría un sujeto verdadero de prosperidad.

 

*Carlos Santa María Trabajador Social de la Universidad Católica de Valparaiso, Psicólogo Social por la UNAD, especialista en Estudios Latinoamericanos, Educación e Investigación por Universidad de Nariño y Doctor en Filosofia y Educación por la Universidad de Barcelona. También es profesor universitario, columnista  y ha publicado catorce libros en el campo humano y académico.

csantamaria21@yahoo.com

 
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